miércoles, marzo 11, 2009

Vida y obra de un gusano

Un gusano apareció de repente en la sala del apartamento. Por el asco que producía nadie lo cojía, sólo lo miraban y los incomodaba, tanto a él como a su visita. Intentaban ignorarlo, hablar como si el insecto no estubiera presente, pero cada vez que se reían, disimuladamente, cada una de las personas lo miraba. Realmente incomodaba. El gusano se arrastraba lentamente cerca del sofá que daba contra la pared, donde estaba sentado el anfitrión con su esposa.

- Agárralo cariño - le dijo su mujer mientras le pasaba una servilleta.

Él la miró y sonrío. Agarró la servilleta con su mano derecha y usándola para prevenir que sus manos tocaran el insecto, lo agarró y con un afán disimulado se dirigió hacia el balcón y lo puso en una maceta.

- Listo - dijo y le devolvió la servilleta a su mujer. Fue a lavarse las manos, se sirvió un vodka y se sentó a hablar con la visita.

El gusano ahora gozaba con la suerte de estar en una planta. Durante toda la noche hasta que la visita se fue, se arrastró por el tallo. En la madrugada, bajó del tallo a la tierra, en la mañana de la tierra por la maceta hasta el suelo, y desde la tarde hasta la noche se arrastró hasta la puerta que daba de hacia la sala.

- Ya llegué cariño - dijo el hombre mientras dejaba una llaves encima de una mesa cercana a la entrada. - ¿Estás lista para irnos? Vamos, tengo afán -

Su mujer salió corriendo de su habitación, le besó.

- Ya casi estoy lista, sólo el maquillaje -

Sin tener otra opción esperó. Fue al balcón se prendió un cigarrillo mientras miraba hacia la calle. Casi pisa al gusano al cruzar la pequeña franja de metal que divide al balcón de la sala. Tras sentirse al borde de la muerte, el gusano sigue su camino por la franja en dirección a la sala. En esas el hombre se volteó sólo para gritar:

- ¿Ya estas lista? -

- Dame un minuto más - gritó su mujer

El hombre fue a aspirar el humo cuando vió al gusano. De inmediato lo reconoció y con algo de malicia lo miró, se agachó y lo quemó con el cigarrillo. El gusano se retorcía, al parecer del dolor.

- ¿Qué estás haciendo? - Preguntó la mujer ya maquillada y lista para salir.

Él se puso en pié y respondió con una sonrisa:

- Nada -

Ella se acercó, vió al gusano retorciéndoce con algo de asco, pero fijo su atención en el cigarrillo que su esposo llevaba en la mano.

- ¿Cuando empezaste a fumar?

- Hace una semana. Antes sólo eran probaditas, pero parece que ya no quiero detenerme. Igual, este es mi segundo cigarrillo. -

El gusano dejó de retorcerse y emprendió su camino a la máxima velocidad que un gusano se puede arrastrar.

La mirada de la mujer se desvió del cigarrillo. Miró las plantas primero, luego la sonrisa de su marido y por último al gusano.

- No lo quemes, pobrecito -

- Es un gusano - refutó él.

- Es un ser vivo - refutó ella.

Agarró una hoja caída de alguna de sus plantas, y la uso para agarrar al gusano sin saber que el insecto había pasado hace un par de horas por encima de esta. Se dirigió a la entrada del apartamento, abrió la puerta y lo dejó en el corredor. Cerró la puerta, fue a lavarse las manos y sonó el teléfono. Su esposo contestó.

- Halo. Si, si desea puede pasar hoy. No, no sé. Ahora mismo. - Se rió en silencio -Adiós.

Su mujer volvió del baño ya lista para salir. Él sólo la miraba. Estaba realmente hermosa esa noche.

- ¿Va a venir? - Preguntó ella

- Si - contesto él mientras se reía

- Vámonos -

- No, quedémonos - la besó.

El gusano se arrastraba por el corredor hacia la entrada del apartamento. Una señora enfurecida caminaba con pasos violentos. Llegó a la puerta, la golpeó tres veces con fuerza y gritó. Nadie le atendió. Golpeó con aun más fuerza y gritó. Nadie le atendió. La señora enfurecida vió al gusano, lo pisoteó tres veces, lo restregó contra el suelo, y se fue a llamar a la policia.

- Te amo mucho - dijo él

- Yo también - dijo ella

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