miércoles, octubre 20, 2010

La ventana

Escucho que vienen, oigo sus pasos. Algo anda mal, son tacones golpeando contra el piso, no son ellos. Una mujer... ¿Pero yo qué hice? Allá está el hotel; en el mismo lugar donde lo encontré ayer.  Allá está la puerta, mi cama, la ventana. ¿Qué me falta? ¿Por qué siento que algo me falta? No siento mis manos, no las puedo mover, el frío las ha congelado. Una niña mira un cuadro que pinté hace años, no he querido quitarlo de la pared.  Ella se ríe. Intento ignorarla. No puedo. Ahora intento reír con ella y veo mi propio reflejo espejo, este es mi baño lo reconozco. No sé porqué estoy acá. Intento explicármelo, pero me resulta imposible. Los oigo venir, están más cerca ¿Por qué viene una mujer? ¡Están acá! Golpean la puerta con fuerza. Es un hombre. ¿Dónde está la niña que observaba mi cuadro?  y mi cama y mi puerta y mi ventana ¿Dónde están?... y mis manos. ¡Estas no son mis manos! ¿Dónde están mis manos? Quiero arrancarme este par de manos pegadas a mi piel, no son parte de mi cuerpo. Intento arrancármelas mordiéndolas con fuerza, estoy segura que ellos, están en busca de sus propias manos, deben ser estas, pero ¿dónde están las mías? Golpean más fuerte la puerta. Gritan. no entiendo muy bien qué. Un hombre mayor se detiene al frente mío. Me observa enfurecido, no sé como responder y me alejo intimidada. Miro mi reflejo, sigo acá, en el baño. Escucho que la puerta se abre. Mis manos parecen ahora ser las mías. Me duelen cómo si alguien las hubiera mordido con rabia. Se acercan, no quiero vivir cómo ellos quieren que viva, quiero a mi vieja yo, sus cuadros... Es muy tarde. Ya están acá. Se acercan con cautela, me temen. ¡Encontré mi ventana! No veo otra salida, no hay tiempo para nada más.  

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