lunes, noviembre 01, 2010

Desprecio abierto al mundo

Estoy lleno de desprecio repentino. Como si el aire de lo que ya fue, llegara a hacerme cuenta del invierno. El que viene, frío y lejano. Mi reconstrucción de emociones perdidas hace pocos instantes es inútil, esta nube ya rodea el risco de la montaña, y ahí, arriba, feliz y solitario, me encuentro yo. Camino por mi casa, la descubro de nuevo, intento inventar la novedad que todos los objetos perdieron hace mucho y han dejado de nacer. La música que escojo tiene el peso del tiempo, de haber sanado y abierto grietas en mi garganta, y mi voz, escondida entre una de esa grietas, pide humo para salir.

Siento que las ventanas no me sirven para nada. Anochece, y la única luz es la de la luna, tristemente perdida entre mares de luz artificial que la ciudad me presta. No hay nada que mirar; esta el cemento, uno que otro carro y un vagabundo que grita cosas que ignoro. Ahora enciendo mi propia luz. Es la misma sala. La misma mesa, el mismo florero Apago. Este sentimiento me aleja cada vez más de mis palabras. Intento domarlo con el cigarro. Quiero ponerlo acá, y así intimidarlo, poniéndolo ante el juicio, en ridículo. Quizá así no vuelva. Qué ingenuo soy. Aspiro fuerte el humo y lo dejo salir despacio, sin sentirlo. Hoy no perdono a nadie. Uno vive en una terapia constante de perdón y temor, y creo, por esta noche, que es lo único que nos mantiene cuerdos.

Llega el sueño y va cubriendo toda mi cabeza, luego mis ojos, luego mi pulso, ahora mi caligrafía y mis palabras. Hoy no busquen aliento en mi, busquen aire. Que se va, que promete no volver.  

Buenas noches

1 comentario:

Javier dijo...

Qué buen texto. Me gusta el modo en que está escrito, es muy lírico pero fácil de leer.

Y muy familiar.

Muy bueno, un saludo.