domingo, marzo 25, 2012

La trágica caída de Don Quijote



Don quijote se detiene, observa a los molinos y le dice a Sancho que aquellos que ve ahí son unas bestias inmensas que él ha de derrotar. Montado en su caballo, Rocinante, entregado a todo lo que cree como el mejor de los hidalgos, avanza a embestir a las bestias gigantes de brazos largos, y cae. 
Es fácil convertirse en un Quijote. Basta con ver a todos los personajes en el mundo como en un escenario en que el tenemos que estar dispuestos a “ser” alguien o algo e interpretar nuestro papel de la mejor manera que podamos. Basta con reconocer el deseo como un motor que no sólo nos obliga a tener firme la mirada al frente, sino de ser conscientes de lo que no tenemos. Basta con caer en cuenta de los miles de rostros con lo que debemos vivir a diario, y las metamorfosis que tenemos que llevar a cabo en todas partes. Basta con darnos cuenta que hemos tardado toda la vida fabricando una máscara sin conocer el rostro que ocultamos detrás de ella.
El mundo está vacío, debe estarlo para que el deseo persista siempre. Y así, sin verlo, sin siquiera notarlo, nos hacemos parte de un ritmo en el que convivimos muchos quijotes delirantes con molinos a los cuales derrotar. Como sanchos que somos el uno al otro,  nos atamos los pies a la tierra y nos demostramos que somos humanos, muchas veces torpes, muchas veces brillantes. La ciencia y la literatura son a nosotros, lo que las historias de caballería le son a Don Quijote. Todos nuestros actos están cargados de obsesiones, de rituales escritos hace años por seres que adoramos o ignoramos. Toda nuestra realidad está invadida de fantasmas, de historias que nos dijeron qué hacer, y cómo distinguir a un monstruo de un molino de viento.
Como quijotes encerrados en nuestros delirios, observamos a los locos. Los alejamos, los enfrentamos, y muchas veces ni siquiera los dejamos ser parte de esta realidad delirada. Nos basta y nos sobran historias para excluirlos de nuestro mundo, sin decirnos ni admitir que ellos, los locos, son Quijotes deseando, que observan al mundo con la distancia. Luchan con molinos y caen a diario, pues el molino no dejará de ser molino, y su monstruo no dejará de ser un monstruo. La lucha y el esfuerzo por narrar su trágica caída y su desorden nos puede hablar sobre nuestro propio mundo, pero debemos reconocer, sin esto significar perdernos todo, que también luchamos a diario contra nuestros propios molinos. 

(Introducción a mi tesis)  

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