miércoles, septiembre 26, 2012

Simbiosis

Fui parido en dos partes naturales:
La primera: resignada.
La segunda: torpe. Cree que puede aprender de la magia.

Esa parte es la que se va para enamorarse trescientas veces en un mismo día.
Vuelve convencida, definitiva, a detallar sus amoríos con satisfacción.
Es la que estira nuestros segundos
y dilata la realidad con sus artificios.
Unos ojos bellos son capaces de conducirla al abismo más largo y solitario.
Pero ella sabe que las alas llegarán a levantar su vuelo pronto, otra vez.

Por suerte, al otro lado, está la parte demorada.
Ella cuenta las horas y los días para entender la vida.
Duda. Duda mucho después de la caída la subida y la sacudida.
Ella se esfuerza por escribir el mundo sin el mundo.
Filtra toda la vida que escurre de los aguaceros que regresan de su compañera,
como una cascada infinita y veraniega.

Yo, en total, solo escribo.
No queda más remedio.
Alguna vez sirvió para ahuyentar las pesadillas de mis dos partes,
que solo comparten la vigilia y el sueño.
Sé que pronto volverá a servir.


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